El espárrago

 

El espárrago (asparagus officinalis) es nativo de la región de Eurasia. Los primeros vestigios de espárragos aparecieron en forma de pinturas en los monumentos egipcios (3.000 a.C.), y estaban dibujados atados en manojos de dos o tres ligaduras; utilizados como ofrenda a los dioses. Fue una hortaliza muy apreciada por los griegos, pero serían los romanos quienes introdujeran este cultivo en Europa septentrional. Según el historiador Plinio, en el área de Rávena en Italia, llegaron a cultivar espárragos que pesaban 1/3 de libra. Otro dato interesante sobre el espárrago es que en la antigüedad fue considerado un afrodisíaco, probablemente debido a que es rico en fósforo y vitamina A así como en ácido oxálico. 

Estas maravillas de la huerta son en realidad los brotes inmaduros de la planta esparraguera. Cilíndricos y carnosos, están cubiertos por finas hojas a modo de escamas, que se van haciendo más numerosas hacia el ápice, donde se condensan y aprietan conformando la punta del espárrago.

Su alto contenido en fibra insoluble, la escasez de lípidos y sodio, así como la ausencia de colesterol hacen de este alimento un perfecto aliado de la mesa. El espárrago tiene enormes propiedades diuréticas gracias a una sustancia llamada asparagine.

En relación con su contenido vitamínico, destaca la presencia de folatos, provitamina A (beta-caroteno) y de las vitaminas C y E. A excepción de los folatos, el resto cumplen una importante acción antioxidante. También están presentes otras vitaminas del grupo B como la B1, B2, B3 y B6.

Los folatos intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis de material genético y la formación de anticuerpos del sistema inmunológico.

El espárrago fresco requiere un buen proceso de limpieza. Antes de cocerlo es preciso cortar la parte baja, así como pelar el fruto con un movimiento de cuchillo de arriba a abajo. Es la mejor manera de evitar que los espárragos queden duros o astillosos en el momento de comerlos.

Para cocerlos debemos introducirlos en agua hirviendo con sal y un poco de bicarbonato y dejarlos hervir durante 5 minutos. Después los retiraremos y los pondremos a enfriar en agua y hielo.

Una buena forma de guardar los espárragos frescos y que se conserven sin perder apenas sabor es en una bolsa negra de plástico cerrada. Así les protegerá de la luz y del aire (sus principales enemigos).

Os ofrecemos varias recetas para que podáis disfrutarlas, como la crema de puerros con espárragos, los espárragos revueltos con huevos, el flan de espárragos, la rucha asalmonada sobre bicolor de espárragos o los montaditos de brie y espárragos.

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