Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento

 

Dijo Hipócrates hace más de dos mil años: Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento. Ya entonces, el padre de la medicina, consideró que mediante unos buenos hábitos alimentarios se podrían prevenir un gran número de patologías.

Está demostrado científicamente que un 30% de las enfermedades son de origen genético, el otro 70% las bebemos y comemos. Por ello es de vital importancia la educación nutricional ya desde la escuela

Gracias a la alimentación obtenemos una serie de productos que nos aportan sustancias químicas que nos nutren y otros elementos con características propias (como el calcio, el hierro, el magnesio) Seleccionamos los alimentos en función de su disponibilidad, nuestros hábitos y con influencia de la educación. Por lo tanto, factores socioeconómicos, psicológicos y geográficos tienen un papel muy importante en nuestra alimentación, es por lo que insistimos en la importancia de una buena educación nutricional desde bien pequeños.

Con demasiada frecuencia nos dejamos llevar por el ritmo de vida que llevamos y basamos nuestra dieta y la de nuestros hijos en alimentos ricos en grasas saturadas, harina y azúcar refinado, grandes cantidades de proteína animal, platos precocinados, comida rápida, etc. Platos todos ellos pobres en nutrientes y ricos en calorías. 

Llevar una alimentación sana que sea equilibrada y variada contribuye a mantener la salud y el bienestar de una persona. Para ello es recomendable comer todo tipo de alimentos: verduras, frutas, carne, pescado, cereales integrales y lácteos desnatados y sobre todo ingerir suficiente líquido para mantener una correcta hidratación.

Algunos de los hábitos que debemos adoptar son:

Realizar 5 comidas al día, 3 principales y 2 tentempiés. Además, se recomienda comer despacio.

Beber entre 2 litros y 2,5 litros de agua diariamente. No abusar de las bebidas alcohólicas.

Tomar entre 5 y 7 raciones de fruta y verdura al día, seleccionándolas en su forma fresca y natural y evitando los envasados.

Evitar el azúcar, los endulzantes o aquellos alimentos que los contengan. Así como los alimentos precocinados y excesivamente procesados.

Comer 1 o 2 veces por semana legumbres.

Evitar los fritos y los empanados.

Disminuir el consumo de sal para prevenir la hipertensión. La clave está en cocinar con poca sal y añadir a tus platos hierbas aromáticas para realzar su sabor.

No olvidemos que la alimentación es el pilar más fuerte que sostendrá nuestra salud a lo largo de nuestra vida, por lo que merece la pena darle la importancia que realmente tiene.


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