La magia de saber cocinar

 

Cocinar es un acto de amor y el cocinero es como un niño y eso lo convierte en un gran creador. Es un arte, para el que se necesita creatividad, dedicación, cariño, sensibilidad y paciencia y cuya mayor satisfacción es observar la cara de placer de los comensales cuando saborean la comida y los platos vacíos al terminar.

 

La cocina ayuda a escribir la historia de los pueblos. Muchas culturas tienen mitos, símbolos y ritos en torno a su comida y a la forma de prepararla. Es uno de los aspectos más atractivos al visitar un país o una región, y también es uno de los aspectos que más define la vida de las personas de una ciudad, un país o una colectividad. 

 

Es muy educativo inculcar a los niños desde muy pequeños la afición por la cocina. Aparte de que les puede resultar muy divertido, los conceptos de la buena nutrición y la preparación de alimentos saludables les quedará para toda la vida. Además de enseñarles las bases de un arte vital, les estaremos manifestando confianza y fortaleciendo su autoestima pues ayudar y sentirse parte del proceso puede motivarlos muchísimo. Ponen a funcionar sus destrezas manuales al amasar, trocear, decorar, revolver y sobre todo... aprenden a ser independientes, pues así cuando abandonen el nido o el fabuloso “Hotel Mamá”, no terminarán siendo el cliente más fiel de una cadena de comida rápida.

 

Descubrir en familia la magia de la cocina se convierte a corto, medio y largo plazo en unos tremendos beneficios para los niños.

 

 

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